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Producción de palta en Chile

Valle Leyda prepara su cosecha y proyecta mejores calibres

El campo de Baika en Santo Domingo proyecta un volumen estable y mejores calibres. La materia seca al 23% definirá la recolección en noviembre.

Vista aérea del huerto de paltos de Baika Valle Leyda, Santo Domingo.

21 de octubre 2026

Baika prepara el comienzo de su cosecha en el campo Valle Leyda para noviembre de 2026. La empresa tiene una expectativa de volumen similar al de la temporada anterior y proyecta mejores calibres para esta temporada. Sin embargo, la fecha oficial de la recolección de fruta dependerá de su condición. El campo, ubicado en la comuna de Santo Domingo, Chile, prevé autorizar la recolección cuando se alcance un 23% de materia seca.

En las 412 hectáreas del huerto, los preparativos combinan evaluaciones de madurez, manejo agrícola y coordinación de trabajadores. El clima marca parte de esa planificación. Las lluvias de primavera han detenido temporalmente las labores de riego y fertilización, mientras el equipo monitorea sus efectos sobre la floración, la cuaja y la sanidad de los árboles.

Andrés Valenzuela, administrador de Valle Leyda, y Macarena Quiroz, encargada de Operaciones y Personas, explican a Avobook cómo se prepara el campo para esta nueva cosecha.

La madurez determina cuándo comenzar

“En cuanto a la cosecha, la fecha de inicio no se define por calendario, sino por la madurez fisiológica de la fruta”,  señala Valenzuela.

Para evaluar esa condición, el equipo realiza muestreos periódicos por cuartel y calcula el contenido de materia seca mediante la deshidratación y el pesaje de la fruta. El administrador explica que este indicador se relaciona con el contenido de aceite y con las características de consumo y poscosecha.

“Se espera que la fruta alcance un mínimo de 23% de materia seca antes de iniciar la cosecha” precisa.

Ese criterio se incorpora a la planificación operativa. Los resultados permiten identificar y liberar los sectores que reúnen las condiciones para comenzar la recolección.

“La preparación de una cosecha comienza mucho antes de que los primeros frutos salgan del campo” destaca Quiroz. El trabajo incluye preparar caminos y accesos, revisar maquinaria, herramientas y materiales, y coordinar la dotación necesaria.

El equipo prepara al personal, la maquinaria y los materiales para comenzar en noviembre. Sin embargo, la cosecha de cada sector se autorizará según los resultados de los análisis de materia seca de la fruta.

Volumen estable y mejores calibres

Racimo de paltas Hass madurando en las ramas de un árbol en Valle Leyda.

La proyección productiva apunta a mantener el volumen de la cosecha anterior, con una mejora en el tamaño de la fruta.

“Para esta temporada proyectamos un volumen de cosecha similar al de la anterior, pero con una mejora en la calidad de la fruta, reflejada principalmente en mejores calibres” afirma el administrador.

Valenzuela vincula esa expectativa con árboles más robustos y vigorosos, con mayor desarrollo foliar y radicular. Con una carga frutal similar a la temporada pasada, esperan que esa condición permita sostener un mejor crecimiento de cada fruto.

También atribuye el aumento productivo observado entre 2023 y 2025 a mejoras sostenidas en los sistemas de riego. El trabajo ha buscado ajustar el suministro a las necesidades del cultivo y mejorar la uniformidad entre cuarteles.

“El objetivo de este trabajo ha sido mantener a las plantas sin estrés hídrico durante todo el ciclo” explica. En su evaluación, este manejo ha contribuido a una cuaja más estable y a un mejor desarrollo de la fruta.

Lluvias primaverales y labores en pausa

Actualmente, el huerto Valle Leyda también atraviesa un período de floración y cuaja. Desde septiembre se había iniciado un programa de riego y fertilización para sostener la brotación, la floración y el crecimiento posterior del fruto, pero las precipitaciones obligaron a detener esas labores.

Según Valenzuela, la lluvia cubre momentáneamente las necesidades de agua del cultivo. La pausa también busca evitar un exceso de humedad en el suelo, que puede provocar asfixia radicular y favorecer enfermedades de las raíces causadas por patógenos como Phytophthora.

“El principal factor de incertidumbre en esta temporada es el clima” afirma.

El administrador describe variaciones entre días cálidos y soleados y otros fríos, nublados y lluviosos, que han generado una floración errática y poco sincronizada. Según explica, la inestabilidad térmica puede alterar las fases de apertura floral, mientras la lluvia y el frío reducen la actividad de las abejas.

Su preocupación apunta a los posibles efectos sobre la cuaja y la uniformidad del desarrollo de los frutos. Se trata de un aspecto que el equipo sigue durante esta etapa, junto con las condiciones sanitarias del huerto.

Para enfrentar las lluvias tardías, Valenzuela describe un manejo preventivo con aplicaciones de fungicidas durante ventanas de tiempo seco. De forma complementaria, señala que utilizan bioestimulantes con el propósito de mejorar la condición fisiológica de las plantas frente al estrés climático.

Las ventajas y exigencias de producir cerca de la costa

Vista aérea de un gran tranque de acumulación de agua rodeado de hectáreas de paltos en Valle Leyda.

La influencia oceánica es una característica central de Valle Leyda. Según el administrador, las temperaturas de verano presentan máximas cercanas a 26 °C y mínimas en torno a 15 °C, mientras el riesgo de heladas invernales es bajo.

Estas condiciones favorecen el desarrollo del palto, aunque la ubicación también presenta dificultades. La nubosidad reduce la radiación disponible y puede ralentizar la acumulación de materia seca, lo que exige mayor flexibilidad en el calendario de cosecha.

Las vaguadas costeras añaden neblina matinal y alta humedad relativa. Cuando las plantas permanecen mojadas, algunas labores deben postergarse por las condiciones de seguridad de los trabajadores. La humedad persistente también requiere monitoreo sanitario.

“Sus desafíos, la baja radiación y la humedad matinal, no impiden la producción, pero demandan una planificación cuidadosa de las labores y un manejo ajustado a las condiciones del lugar” sostiene Valenzuela.

Preparar los equipos y mantener su continuidad

La operación proyecta comenzar con cuatro cuadrillas de aproximadamente diez personas cada una, entre cosecheros y personal de selección. Conforme avance la cosecha, la dotación máxima estimada sería de entre 50 y 60 trabajadores.

Macarena Quiroz identifica como desafíos la disponibilidad de personal, la rotación y la competencia con otras cosechas agrícolas, como la cereza.

“Conformar equipos que cumplan con todos los requisitos y mantener su continuidad durante la temporada exige una gestión anticipada y una coordinación permanente con las empresas contratistas”  señala.

La preparación contempla prevención de riesgos, técnicas de cosecha y manipulación de fruta, higiene, inocuidad y buenas prácticas agrícolas. También considera verificar la documentación y las autorizaciones necesarias para trabajar en Chile.

Ante condiciones climáticas adversas, el campo puede reorganizar tareas, modificar horarios o suspender temporalmente actividades que representen un riesgo para las personas.

Controles desde el árbol hasta el despacho

Durante la recolección, la supervisión busca evitar golpes y daños que afecten la condición de la fruta. Los controles se extienden a los materiales, los bins, el almacenamiento y la inspección al llegar al packing.

Los registros permiten mantener la trazabilidad y detectar desviaciones. Este trabajo se desarrolla bajo las certificaciones GLOBAL GAP, el módulo GRASP, Nurture y LEAF con que cuenta Valle Leyda.

Para la encargada de Operaciones y Personas, estos estándares deben reflejarse en las labores cotidianas. Desde las condiciones de trabajo y la capacitación, el uso del agua, el manejo de insumos y la protección del suelo.

“Esto nos permite abordar la operación de manera integral, procurando que la calidad de la fruta vaya de la mano con el cuidado de las personas, la trazabilidad de los procesos y el uso responsable de los recursos” concluye.

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