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Santiago Pinto

El agua será clave frente a un escenario climático incierto

Ecuador

Cada temporada vuelve a recordarnos que en agricultura no podemos esperar a tener certezas absolutas para comenzar a tomar decisiones. Hoy, mientras avanzamos hacia una nueva campaña, el comportamiento climático vuelve a ocupar un lugar central y nos obliga a mirar no solamente lo que está ocurriendo en Ecuador, sino también las señales que aparecen en Perú, Colombia y Chile.

Durante las últimas semanas hemos continuado monitoreando la posible evolución de El Niño. Los antecedentes que seguimos muestran un aumento importante en la probabilidad de que el fenómeno se desarrolle. Sin embargo, todavía existe una pregunta mucho más relevante para la agricultura que la probabilidad por sí sola: cuál será su intensidad y cómo se manifestará en cada territorio.

Aquí resulta importante distinguir entre el comportamiento de El Niño a escala global y las condiciones asociadas a El Niño costero. El principal punto de incertidumbre está en determinar hasta qué grado ambos escenarios podrían coincidir y qué efectos tendría esa interacción sobre las distintas zonas productivas de la región.

Y esa diferencia importa porque los efectos nunca son homogéneos. Mientras algunas áreas pueden enfrentar precipitaciones intensas, otras pueden experimentar justamente lo contrario: periodos prolongados de sequía y menor disponibilidad de agua.

Ecuador ya enfrenta señales de estrés hídrico

En Ecuador hemos podido observar esta variabilidad directamente. En algunas zonas de la Sierra atravesamos prácticamente 30 días sin precipitaciones, generando condiciones de sequedad suficientemente importantes como para favorecer incluso la aparición de incendios.

Durante los últimos días volvieron algunas lluvias moderadas en zonas productivas, pero eso no elimina la preocupación por lo que pueda ocurrir durante los próximos meses.

Las proyecciones que estamos siguiendo apuntan a la posibilidad de enfrentar nuevamente periodos secos durante octubre y noviembre. Para Ecuador, esta situación tiene implicancias que trascienden ampliamente la agricultura, considerando nuestra alta dependencia de la generación hidroeléctrica.

Para los cultivos, en cambio, la pregunta inmediata es qué efectos puede haber tenido ya esta menor disponibilidad de agua.

Todavía es demasiado pronto para entregar estimaciones sobre posibles abortos de fruta o impactos sobre los calibres. Estos efectos deberán evaluarse más adelante, cuando comiencen los conteos y podamos conocer realmente cómo reaccionaron los árboles.

Precisamente por eso, creo que debemos ser cuidadosos: que todavía no podamos medir el daño no significa que podamos ignorar el riesgo.

Una temporada que todavía tiene mucho por definir

En Ecuador existen zonas que podrían comenzar con sus primeras producciones durante septiembre. Sin embargo, una primera ola más significativa debería aparecer hacia finales de noviembre, mientras nuestro principal peak productivo continúa concentrándose en enero y febrero.

Esto nos entrega todavía cierto margen para observar la evolución climática y entender qué volumen tendremos disponible.

También existe una particularidad comercial importante. Al igual que ocurre en Chile, el mercado interno ecuatoriano compite con las oportunidades de exportación. Por eso, no solamente tendremos que conocer cuánto produciremos, sino determinar cuál será el mejor destino comercial para esa fruta.

Hacia septiembre deberíamos contar con una primera aproximación más clara respecto de los volúmenes que podrían conformar la salida de noviembre.

El agua será nuevamente una variable fundamental.

Las lluvias son necesarias para nuestra producción, pero su efecto cambia completamente dependiendo del momento fenológico en que ocurran. La falta de precipitaciones durante el crecimiento puede limitar el desarrollo de la fruta, mientras un exceso de agua cercano a la cosecha puede generar nuevas dificultades.

Por eso el desafío no consiste simplemente en preguntarnos si va a llover o no, sino cuándo, cuánto y en qué etapa encontrará a cada zona productiva.

El riesgo debe observarse como un fenómeno regional

La situación tampoco puede analizarse únicamente desde Ecuador.

El norte de Perú, por ejemplo, ya se prepara ante la posibilidad de un escenario climático más complejo. Allí existen zonas que vienen enfrentando alteraciones en sus ciclos fenológicos y que podrían encontrarse con precipitaciones durante etapas sensibles de la campaña si distintas condiciones climáticas terminan coincidiendo.

Colombia, Perú, Ecuador y Chile avanzan con calendarios y realidades productivas diferentes, pero forman parte de un mismo mercado. Lo que ocurra climáticamente en uno de estos países puede terminar teniendo consecuencias comerciales sobre los demás.

Una reducción de volumen en un origen, una concentración inesperada de determinados calibres o un retraso productivo pueden modificar la disponibilidad regional y, posteriormente, las condiciones encontradas en los mercados de destino.

Por eso todavía es demasiado temprano para determinar si el escenario que estamos observando terminará siendo comercialmente positivo o negativo.

No basta con entregar el agua disponible

Ante esta incertidumbre, hay una recomendación que considero especialmente importante para los productores: asegurar, dentro de las posibilidades de cada campo, que el cultivo reciba el agua que realmente necesita.

Existe una diferencia fundamental entre entregar al árbol el agua que tenemos disponible y entregar el agua que necesita fisiológicamente.

Sé perfectamente que en condiciones de escasez esa diferencia muchas veces está determinada por factores que escapan de las manos del productor. Pero durante el periodo de crecimiento de la fruta, un déficit hídrico puede tener consecuencias importantes.

La falta de agua puede favorecer el aborto de fruta y también limitar su llenado, generando una mayor concentración de calibres pequeños.

Ese último escenario merece especial atención.

Podríamos encontrarnos con una temporada en la que efectivamente exista una recuperación del volumen respecto de una campaña anterior, pero donde una proporción relevante termine concentrada en calibres menores. Desde el punto de vista productivo, recuperar kilos no necesariamente significa recuperar el potencial comercial esperado.

Y desde la perspectiva del mercado tampoco podemos anticipar todavía el resultado.

Habitualmente, una elevada disponibilidad de calibres pequeños genera presión porque existe abundancia de esos tamaños. Sin embargo, su comportamiento comercial dependerá también de lo que ocurra en Colombia, Perú y Chile y de la composición de la oferta que finalmente llegue a los diferentes destinos.

Prepararnos antes de conocer todas las respuestas

Durante las próximas semanas tendremos nueva información y podremos comprender mejor cómo evoluciona este escenario. También continuaremos reuniéndonos con especialistas y entidades que estudian el fenómeno para evaluar qué tan estrecha puede ser la relación entre las condiciones costeras y la evolución global de El Niño.

Pero esperar esa respuesta no significa permanecer inmóviles.

La agricultura siempre trabaja con variables que no podemos controlar completamente. El clima probablemente sea la más evidente de ellas. Nuestro trabajo consiste en identificar aquellas decisiones sobre las que sí tenemos capacidad de acción.

Hoy, una de esas decisiones es el manejo eficiente del agua.

Si atravesamos meses más secos, será fundamental para sostener el crecimiento y llenado de la fruta. Si posteriormente cambian las condiciones y llegan precipitaciones más intensas, tendremos que adaptar nuevamente nuestras estrategias.

Todavía no sabemos cuál será el impacto definitivo del escenario climático que se está configurando. Tampoco podemos cuantificar sus posibles efectos sobre producción, calibres o mercados.

Lo que sí sabemos es que la preparación debe comenzar antes de que esas consecuencias sean visibles. Porque cuando finalmente podemos medir el daño en el árbol o contar la fruta que falta, muchas de las decisiones que podían reducir ese impacto ya deberían haberse tomado.

Santiago Pinto
Director Iteranza
spinto@interanza.com
Ecuador

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