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Jorge Rosés

Blank sailing y aguacate: el riesgo de perder una salida

Chile

Los que trabajamos en transporte marítimo estamos bastante acostumbrados a escuchar el término blank sailing. Para el exportador o importador que tiene su carga de aguacate lista, la explicación es más sencilla: el barco que aparecía en el itinerario simplemente no viene.

Una naviera publica servicios semanales, y uno planifica en función de ellos. Se coordina producción, packing, transporte terrestre, ingreso a puerto y fecha de entrega al cliente. Pero cuando la naviera decide cancelar una de esas salidas, aparece el famoso blank sailing.

¿Por qué se produce el blank sailining?

Hay razones operacionales perfectamente entendibles. Congestión portuaria, atrasos acumulados, problemas climáticos, mantenimiento de una nave o simplemente la necesidad de recuperar el itinerario.

Pero también existe una razón bastante más comercial: manejar la capacidad.

Si en una determinada ruta hay más espacio disponible que carga, las tarifas naturalmente tienden a bajar. Una de las herramientas que tienen las navieras es sacar temporalmente capacidad del mercado. En vez de operar cuatro salidas durante el mes, por ejemplo, pueden cancelar una y concentrar la carga en las otras tres.

Un efecto en cadena

Y ahí empieza el problema para el cliente. Porque eliminar un barco no significa eliminar la carga que debía transportar. Esa carga queda esperando.

Parte pasa al barco siguiente, que además ya tenía sus propios bookings. De pronto tenemos más carga tratando de entrar en menos espacio. Aparecen los rollovers, se aprieta la disponibilidad y conseguir espacio se vuelve bastante más complicado.

Y naturalmente, cuando el espacio escasea, las tarifas encuentran terreno para subir o, por lo menos, para dejar de bajar.

Para una carga seca, perder una semana puede ser incómodo. Para una carga perecible, la historia es completamente distinta. La fruta no entiende de blank sailings.

El aguacate fue cosechado, embalado y tiene una vida útil determinada. Si pierde una salida, esos siete días adicionales pueden significar llegar con menos condición, reducir su vida comercial en destino o incluso perder una determinada ventana de mercado.

Por eso el problema no es solamente que “cancelaron un barco”. El verdadero efecto está en la cadena que viene después.

Un blank sailing puede significar una semana adicional de espera, pero también congestión en la siguiente nave, falta de espacio, problemas de equipos, cambios de conexión y finalmente alteraciones en la fecha de llegada.

Las navieras, por supuesto, necesitan administrar sus flotas y ajustar capacidad a la demanda. Es parte del negocio y sería poco realista pensar lo contrario.

¿Qué debe hacer el exportador?

Pero desde el lado del exportador hay una conclusión igualmente importante: hoy ya no basta con mirar el itinerario y asumir que porque aparece una nave el martes, necesariamente tendremos una nave el martes.

Especialmente cuando trabajamos con productos perecibles, hay que mirar un poco más allá: qué está pasando con la ruta, cuántos blank sailings se están anunciando, cómo vienen las naves siguientes y qué alternativas existen si nuestra salida desaparece.

Porque en logística marítima una semana parece poco. Hasta que tienes 20 toneladas de fruta esperando el barco.

Jorge Rosés W.
International Sales Manager
Seemann Trader
jroses@seemanngroup.com 

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