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Gonzalo Vargas

Daño por frío: el desafío oculto para el aguacate

Chile

En agricultura, una temporada rara vez se comporta exactamente igual a la anterior, y este 2026 vuelve a demostrarlo. Veníamos de un invierno suave seguido por un otoño cálido que prolongó el crecimiento de frutos y follaje, manteniendo temperaturas elevadas entre marzo y mayo que impulsaron la brotación tardía de los árboles. Sin embargo, el escenario cambió bruscamente con la llegada de un junio de bajas temperaturas persistentes que generaron un estrés considerable en los huertos.

Ante esta coyuntura, resulta fundamental hacer una distinción técnica: no todo el daño observado esta temporada puede atribuirse directamente a las heladas; debemos comenzar a hablar con firmeza de daño por frío. Una helada deja señales evidentes como follaje quemado, pérdida de yemas florales, pedúnculos dañados y caída de fruta, situaciones para las cuales muchos huertos expuestos ya cuentan con sistemas de control por microaspersión. Esta temporada, en cambio, ha presentado un estrés acumulativo por días consecutivos de temperaturas bajas que enfriaron el suelo y afectaron directamente al sistema radicular.

Un estrés acumulado que impacta al patrón Dusa

Uno de los primeros síntomas de este fenómeno ha sido la caída de fruta aparentemente sana, con pedúnculos intactos y sin quemaduras típicas. Este comportamiento se ha presentado con especial intensidad en huertos establecidos sobre el portainjerto clonal Dusa. Si bien Dusa destaca por su vigor, desarrollo radicular y capacidad para aportar buenos calibres, desde hace años ha mostrado sensibilidad frente a períodos prolongados de frío en determinados sectores, una respuesta observada previamente en la Región de O’Higgins (incluso sobre los 200 m s. n. m.) y que hoy se manifiesta en la Región de Valparaíso.

Respecto al impacto productivo, la realidad observada en terreno es heterogénea. Aunque en la industria se habla de pérdidas puntuales de entre un 20% y un 30% de la fruta, la disparidad entre huertos ,algunos sobre Dusa sin pérdidas y huertos sobre patrones de semilla con bajo impacto, obliga a analizar el manejo agronómico. Árboles excesivamente vigorosos, nitrogenados, o con desbalances nutricionales y distintas estrategias de bioestimulación responden de manera diferente ante un mismo episodio de estrés, por lo que aún es temprano para definir la magnitud general del daño.

El daño oculto: poscosecha y diferenciación floral

La caída de fruta es solo el efecto más visible. La principal preocupación reside en los daños indirectos que aún no se manifiestan:

Por un lado tenemos la poscosecha y maduración, el estrés acumulado en el embrión puede acelerar los procesos de maduración, generando un viraje de color anticipado en la fruta que permanece en el árbol. Esto condiciona su capacidad para soportar viajes prolongados hacia mercados lejanos y reduce su vida de anaquel.

Si hablamos de Diferenciación floral, el frío prolongado puede alterar la diferenciación de las yemas. Una yema aparentemente floral puede transformarse en un brote vegetativo, desarrollar una panícula débil o perder botones antes de la apertura floral, trasladando el efecto de este invierno hacia la producción de la próxima temporada.

Reactivación radicular y nutrición estratégica

Dado que las raíces permanecieron durante semanas en suelos fríos y saturados, su reactivación al inicio del nuevo ciclo de crecimiento será más lenta. Por ello, la recomendación agronómica para esta temporada es evitar programas agresivos de fertilización inmediata y priorizar la bioestimulación radicular mediante el uso de aminoácidos, extractos de algas, quitosano y materia orgánica.

Como complemento, la nutrición foliar jugará un rol clave para apoyar directamente la floración. En este ámbito, la evolución tecnológica de los drones agrícolas —con mayor potencia y capacidad de penetración que los equipos de hace una década— ofrece hoy una alternativa técnicamente viable para estas aplicaciones.

Perspectivas de mercado frente a un escenario complejo

Las próximas semanas serán determinantes para evaluar la condición de la fruta en árbol y la respuesta de la floración. A pesar de la complejidad agronómica, el mercado del aguacate entrega señales claras de estabilidad. La irrupción de nuevas empresas exportadoras vinculadas a otros rubros (como cerezas, cítricos y uva de mesa) responde a una demanda internacional en constante expansión, impulsada por el crecimiento en Europa, la relevancia de Argentina y la solidez del mercado interno chileno.

Comprender la diferencia entre el impacto visible de una helada y la historia de desarrollo más lenta que cuenta el daño por frío será la clave para ajustar el manejo técnico de los huertos y resguardar la competitividad de la industria.

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