Presidente de APEAJAL: “Estamos trabajando para abrir los mercados de Corea y China”
Saúl Medina Tejeda, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate de Jalisco (APEAJAL) explica cómo se mantendrán representando el 12% de los envíos desde México a Estados Unidos

En medio de una temporada marcada por altos volúmenes y presión en los precios, Saúl Medina Tejeda, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate de Jalisco (APEAJAL), analiza el escenario que enfrenta México.
El estado de Jalisco tiene 45 mil hectáreas plantadas. De ellas, 25 mil están habilitadas para exportar a Estados Unidos. En a actualidad, busca sostener su posicionamiento en su principal mercado, mientras acelera la apertura de nuevos destinos, como Asia.
¿Cómo impacta el alto volumen en los precios y en el negocio?
“Es más complejo para todos. Hoy todo mundo pelea ese peso extra. El año pasado los precios eran altos y era más fácil negociar; hoy, con fruta a 20 pesos, ofreces 19 y no te venden. Ese peso hace la diferencia. Y la verdad es que no solo en el aguacate: estamos viendo en México y en el mundo otros productos, como el maíz, con precios muy bajos. El tipo de cambio tampoco ayuda mucho para los exportadores, entonces se junta todo y hace más difícil mantener los márgenes”.
¿Estos volúmenes históricos se mantendrán o son temporales?
“No creemos que sea permanente. Sí creemos que cada vez hay más competencia. México, especialmente Michoacán, es el mayor exportador del mundo, pero tiene muchas huertas que dependen de la lluvia. Veníamos de dos años muy secos, con árboles estresados, y este año, con lluvias tempranas, hubo más fruta como país. Eso ayudó a que regresaran calibres más grandes. Hacía dos o tres años que no veíamos esos tamaños. Todo eso pega en el mercado, incluso en Estados Unidos, donde algunos supermercados habían migrado de calibre 48 a 60 o 70, y ahora ese cambio también influye en los precios”.
¿Se han planteado diversificar mercados?
“Sí. Hoy exportamos a Estados Unidos, Canadá, Japón, Emiratos y Panamá. Pero estamos trabajando fuerte para abrir Corea y China. Michoacán ya puede exportar, así que estamos con marchas forzadas, buscando apoyo del gobierno estatal y federal para avanzar. Hoy no son grandes consumidores, pero vemos un potencial muy bueno, como lo fue Japón hace algunos años. Sabemos que es un proceso, pero es clave para no depender de un solo mercado”.
¿Cuál es la situación productiva de Jalisco?
“Tenemos 45 mil hectáreas plantadas en todo el estado, de las cuales 25 mil están certificadas para Estados Unidos. El volumen exacto lo estamos cerrando todavía, porque hay que considerar lo que se queda en mercado nacional. Desde APEAJAL estamos trabajando para que parte de las otras 20 mil hectáreas puedan incorporarse al programa de exportación, siempre sin poner en riesgo lo que ya se ha construido”.

¿Pero existe riesgo de saturar el mercado con más oferta?
“Yo creo que estamos en un mercado privilegiado. El consumidor en Estados Unidos prefiere por mucho el aguacate mexicano. California también tiene su espacio por ser producto local, pero cuando comparan, el mexicano sigue siendo muy valorado. Obviamente hay más volumen y más competencia, pero seguimos teniendo una posición fuerte frente a otros orígenes”.
¿Cuántas hectáreas podrían incorporarse en el corto plazo?
“De las 20 mil que faltan, unas 7 mil podrían estar listas en unos dos años. ‘Pronto’ significa eso, un proceso gradual. Es un número importante, pero no creo que impacte fuerte en el precio. Estaríamos hablando de cerca de un 2% adicional de aguacate de México, lo que no debiera mover el mercado de forma abrupta”.
¿Cómo se distribuyen hoy los envíos?
“El 67% va a Estados Unidos; 18% a Japón; 10% a Canadá; 2% a Europa y el resto se reparte en otros destinos, como Medio Oriente y algunos mercados de Centroamérica”.
¿Cómo enfrentan la logística hacia mercados lejanos?
“Jalisco tiene una ventaja importante: el productor es más tecnificado y de mayor escala. Hay productores de 100, 200 o hasta 500 hectáreas, lo que permite mandar muchos contenedores desde una sola huerta. Eso ayuda a la uniformidad postcosecha. Puedes mandar fruta de una misma altitud, con el mismo manejo, y eso es clave. A destinos como Japón pueden pasar 35 ó 40 días desde la cosecha hasta el consumo, considerando tránsitos de 22 a 25 días, y aun así funciona bien por esa consistencia”.
¿Cuáles son los principales desafíos hoy?
“Tenemos que trabajar mucho en el estatus fitosanitario, porque hay nuevas mutaciones de plagas que antes estaban controladas. También debemos mejorar la productividad, subir de 10 toneladas por hectárea a 12 ó 14. Y entender que es un mercado global: Perú sigue creciendo, Guatemala está cerca de entrar a Estados Unidos, Chile ha participado históricamente y puede volver cuando el mercado lo necesite. Hoy un comprador puede traer fruta de cualquier parte del mundo, y eso nos obliga a ser cada vez más competitivos”.