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Análisis técnico

El Fenómeno El Niño presiona al aguacate en Perú y Chile

El Niño altera cosechas, floración y manejo agronómico, mientras abre una posible ventana comercial para Chile.

El fenṕmeno climatológico El Niño vuelve a instalarse como un factor decisivo para la industria del aguacate. Su impacto no se limita al aumento de lluvias o temperaturas, sino que puede modificar calendarios de cosecha, alterar procesos fisiológicos de los huertos, elevar la presión sanitaria y redefinir oportunidades comerciales entre los principales países productores de la región.

Campo de aguacates Colombiano

Así lo plantea Gonzalo Vargas, asesor técnico de aguacates y cítricos internacional y socio de VGV, quien advierte que en Perú el fenómeno ya dejó de ser una proyección. Los ríos bajan con mayor caudal, las temperaturas han aumentado en los valles productivos y el aguacate comienza a responder a ese cambio de condiciones.

Uno de los primeros efectos visibles ha sido el adelanto de la materia seca, lo que ha acelerado la cosecha. Hay fruta disponible, pero también preocupación. En un escenario de El Niño, el mayor riesgo no está solo en el agua, sino en el desorden que puede provocar sobre la fenología del cultivo.

Según Vargas, el aumento de las temperaturas mínimas dificulta una inducción floral normal. Como consecuencia, las floraciones pueden volverse más débiles, extensas e irregulares. A ello se suma una mayor presión de plagas y enfermedades, además del riesgo de inundaciones y aparición de hongos de la madera. El impacto, advierte, no necesariamente se agota en una temporada, sino que puede arrastrarse por al menos dos campañas.

El Niño en Chile: agua disponible y riesgos productivos

Al cruzar la cordillera, el escenario cambia. En Chile, El Niño puede representar una recuperación hídrica relevante después de años de sequía. Embalses con mayor disponibilidad, suelos lavados y cuencas más activas aparecen como efectos positivos, especialmente en el norte chico, donde el agua ha sido uno de los principales límites productivos.

Sin embargo, el fenómeno también puede convertirse en un problema si llega en momentos críticos. Lluvias tardías durante la primavera podrían interferir con la floración y afectar procesos productivos clave. Del mismo modo, un otoño e invierno más cálidos pueden reducir la acumulación de frío necesaria para una floración adecuada.

En ese contexto, el manejo agronómico adquiere un rol estratégico. Controlar el vigor, ajustar el uso de nitrógeno en momentos sensibles, privilegiar fósforo y potasio, e inducir correctamente la maduración de brotes dejan de ser decisiones menores. En una temporada marcada por El Niño, estos manejos pueden definir la estabilidad productiva del huerto.

El riesgo físico también será determinante. Lluvias intensas podrían generar saturación de suelos, asfixia radicular, proliferación de Phytophthora y daños en caminos o drenajes. En zonas más lluviosas o cercanas a la costa, incluso la cosecha podría verse interrumpida durante semanas.

Menor oferta peruana podría abrir una ventana para Chile

El mercado internacional también podría sentir los efectos del fenómeno. Si Perú adelanta su cosecha y eventualmente acorta su temporada por impacto de El Niño, Chile podría enfrentar una ventana comercial más favorable, con menor solapamiento de oferta y mejores precios en Europa.

Esa oportunidad, sin embargo, no está libre de riesgos. La fruta peruana expuesta a lluvias puede llegar a destino con problemas de condición, mayor presencia de pudriciones e incertidumbre comercial. Un escenario similar podría afectar a la fruta chilena si las lluvias coinciden con períodos de cosecha en zonas productivas sensibles.

Por eso, más que clasificar a El Niño como una amenaza o una oportunidad, el análisis apunta a su doble condición. Para Perú, el escenario se presenta complejo por sus efectos sobre productividad, calendario y sanidad. Para Chile, la lectura es más matizada: puede recuperar agua y mejorar su posición comercial, pero también perder eficiencia y comprometer calidad si el manejo no acompaña.

En definitiva, el impacto de El Niño dependerá menos de su etiqueta y más de la capacidad de adaptación de cada sistema productivo. Como advierte Gonzalo Vargas, incluso frente a un evento de alta magnitud, lo central será qué tan preparada está la industria para responder a sus efectos.

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