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Jorge Molina

Se marca el fin de la cosecha principal de Colombia 2025-2026

Colombia

Semana 12 y ya se empieza a sentir, sin mucho ruido pero con claridad, el cierre de la cosecha principal colombiana 2025–2026. 

El mercado va hablando, y esta vez lo hace con señales que invitan a leer con calma, pero sin perder el ritmo.

En las últimas cuatro semanas hemos visto una reducción progresiva cercana al 10% semanal en los volúmenes de exportación hacia el viejo continente. Europa sigue siendo, prácticamente, el único destino relevante para la fruta colombiana: cerca del 95% de nuestras exportaciones están llegando allí, mientras que el mercado norteamericano aún no da señales claras de apertura.

Del lado de los precios, ya se empiezan a ver ajustes. Europa viene de niveles altos, pero en las últimas dos semanas se ha marcado una tendencia a la baja que, sin ser alarmante todavía, sí anticipa posibles correcciones más fuertes en el corto plazo. La razón es clara: Perú ya empieza a tomar protagonismo con volúmenes que superan los 400 contenedores semanales, presionando el mercado y reconfigurando la dinámica de oferta.

En campo, los precios siguen sosteniéndose dentro de una lógica que refleja esta transición. La fruta exportable de calibres grandes se mueve alrededor de los 6.800 pesos por kilo, los medianos cerca de los 4.500, y los calibres pequeños o “babies” en torno a los 3.000 pesos. Las curvas de calibre mantienen una distribución relativamente estable: 20% grandes, 45% medianos y 35% pequeños.

El clima sigue siendo protagonista. Las lluvias han apretado, dificultando las labores de postcosecha y generando cierta preocupación por su posible impacto en la floración de la próxima cosecha principal. En campo, los productores —siempre resilientes— reportan una cosecha traviesa menos voluminosa de lo habitual, pero con expectativas de que la principal 2026–2027 pueda traer volúmenes interesantes.

Ya empiezan a sonar cifras para 2026 que apuntan a exportaciones entre 150.000 y 180.000 toneladas, un nivel que, de confirmarse, estaría por debajo de lo registrado en 2025. Esto abre un escenario interesante: menos volumen no necesariamente significa menos tensión. Por el contrario, podría intensificar la competencia entre exportadoras y procesadoras por asegurar fruta de calidad.

Y es ahí donde aparece un fenómeno que vale la pena observar con lupa: el rol creciente de los intermediarios. En medio de esta puja, algunos están capturando una porción relevante del negocio, lo que pone sobre la mesa riesgos en términos de calidad y, sobre todo, de trazabilidad. No es un tema menor en un mercado cada vez más exigente.

A esto se suma otro dato que habla del momento que vive el sector: ya se reportan más de 27 procesadoras de aguacate en Colombia. Una cifra que refleja cómo la industria se está diversificando y cómo parte importante de la producción está encontrando nuevos destinos más allá del fresco.

Las próximas dos semanas serán clave. Habrá que seguir de cerca los arribos peruanos a Europa, entender cómo se están comportando los retornos y las liquidaciones de los importadores, y, sobre todo, interpretar qué nos está diciendo el mercado sobre el equilibrio que necesitamos construir.

Porque al final, más allá de los números, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo logramos que todo este movimiento sume a la sostenibilidad del sector aguacatero colombiano? Ahí está, como siempre, el verdadero juego.

Jorge Molina Duque
Gerente de Operaciones Quality Studio CO
jorge.molina@qualitystudio.cl
Colombia

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