Santiago Pinto
Ecuador prepara una campaña de Hass con más volumen
Ecuador
Hablar hoy de la próxima campaña de aguacate Hass en Ecuador obliga a mirar mucho más allá de la floración o de los volúmenes proyectados. La producción ya no puede analizarse de forma aislada. Está inevitablemente conectada con el clima, con la geopolítica, con la logística internacional y también con un fenómeno cada vez más evidente: el crecimiento del consumo local.
La ventana productiva ecuatoriana mantiene su lógica habitual, arrancando entre las semanas 45 y 46, y extendiéndose hasta las semanas 12 y 15. Sin embargo, lo que viene para la campaña 2026-2027 no parece responder a una temporada convencional. Después de dos estiajes importantes en las campañas 2023-2024 y 2024-2025, que dejaron afectaciones productivas en volumen y calidad, pero también provocaron la pérdida de una floración clave, hoy el sector comienza a sentir una corrección natural de los ciclos productivos.
La sequía dejó una huella que se refleja en la campaña 2025-2026, pero también abre espacio para una recuperación importante. La floración actual se observa más abundante, con una recuperación visible de los ciclos y de las dos floraciones principales, además de una mejora en la llamada floración loca. Bajo este escenario, las proyecciones apuntan a un crecimiento cercano al 40% en la producción promedio, con zonas y cultivos que incluso podrían alcanzar incrementos de entre 60% y 70%.
Pero producir más no significa necesariamente estar en una posición más cómoda.
El posible desarrollo de un fenómeno de El Niño vuelve a instalar una alerta que no puede ignorarse. Aunque todavía se trata de una proyección preliminar y será hacia finales de junio cuando exista una mayor claridad sobre su dimensión real, el solo escenario obliga a prepararse. En Ecuador, particularmente en la sierra donde se concentra la producción, el impacto no necesariamente se traduce en más lluvias, sino en el riesgo contrario: nuevas sequías derivadas de concentraciones de humedad en otras zonas.
El problema no sería únicamente productivo. La fruta sale principalmente por los puertos de la costa, especialmente Guayaquil, y cualquier afectación climática en esa zona puede traducirse rápidamente en complicaciones logísticas, inundaciones y mayores costos operativos. En Perú y Colombia, donde el exceso de lluvias podría ser más severo, el impacto incluso podría ser mayor, afectando tanto la producción como la salida comercial.
A esto se suma un escenario internacional que tampoco ofrece demasiadas certezas. La guerra entre Rusia y Ucrania sigue afectando cadenas de suministro estratégicas, mientras la tensión entre Estados Unidos e Irán agrega presión sobre los costos energéticos y de combustibles. No se trata solamente del valor de los fletes. También está en juego la disponibilidad y el precio de insumos clave como la urea y los nitratos, cuya importación depende en gran parte de Medio Oriente y de la zona ucraniana.
En este contexto, cada decisión comercial se vuelve más sensible. Ecuador sabe que su mayor fortaleza de ventana estará entre enero, febrero y marzo, justamente cuando otros orígenes de cercanía también estarán fuertes en los mercados internacionales. La tarea no será sencilla: mantener participación y buscar crecer en un escenario donde la competencia, los costos y la incertidumbre geopolítica juegan simultáneamente.
Pero quizá uno de los cambios más relevantes no está afuera, sino dentro del propio mercado ecuatoriano.
El consumo local de Hass ha dejado de ser marginal. Si en los primeros años de exportación la participación de esta fruta en el mercado interno era baja y predominaban variedades como Fuerte, hoy el Hass ya representa cerca del 30% del consumo local, según estimaciones del cierre de campaña. Es un cambio estructural que obliga a repensar la estrategia comercial.
El consumidor ecuatoriano ya reconoce el producto, lo busca y los canales de distribución necesitan abastecimiento constante durante un año donde la producción nunca llega completamente a cero. Ese crecimiento del consumo local es una buena noticia, pero también un nuevo desafío: sostener oferta, evitar alzas desmedidas de precios y no perder el terreno ganado.
Hoy, precisamente, ese equilibrio está bajo presión. La pérdida de floración ha reducido la disponibilidad en campo y los precios ya muestran una escalada anticipada. Normalmente estos incrementos se observan entre julio y septiembre, pero este año la subida comenzó en abril. Eso genera tensión en toda la cadena: productores, logística, distribución y consumidores enfrentan un escenario menos predecible.
Ecuador entra así en el cierre de campaña con una paradoja interesante: mejores perspectivas productivas, pero también mayores factores de riesgo. El desafío no será solamente cosechar más, sino administrar mejor la incertidumbre.
Porque en el aguacate, como en casi toda la agricultura moderna, producir ya no basta. Hay que anticiparse.
Santiago Pinto
Director Iteranza
spinto@interanza.com
Ecuador