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Pedro Hevia

El precio de no coordinar

Chile

A fines de mayo de 2026, el precio del aguacate en Estados Unidos repuntó lo suficiente como para ilusionar a más de un exportador. Duró poco. Hacia julio, según el reporte semanal de CIRAD/FruiTrop, el precio spot del calibre 48 había vuelto a caer a US$35 por caja, un 36% por debajo del promedio de las dos últimas temporadas —y eso que Perú, uno de los principales proveedores de ese mercado, había recortado a la fecha sus envíos a Estados Unidos en más de la mitad esta temporada. Un origen se retiró; el precio igual se desplomó. Nunca hubo tanta fruta disponible en el continente. Nunca fue tan efímera cualquier señal de recuperación.

No es un problema de demanda: el consumo global de aguacate sigue creciendo temporada tras temporada y, como el propio sector repite en cada conferencia de la industria, el aguacate no tiene un techo de consumo a la vista. El problema es otro, y es más incómodo de decir: cuando más de un origen -o más de un exportador dentro del mismo origen- empuja el mismo volumen a la misma ventana comercial, el mercado no premia la eficiencia de nadie, castiga a todos por igual.
No es la primera vez que ocurre, ni es exclusivo de Mexico: le pasó a Perú en 2025, los reportes de mercado registraban a Perú creciendo 55% en sus envíos a Estados Unidos; hacia 2026, la cifra se invirtió: sus volúmenes a ese mercado cayeron 55% respecto a la temporada anterior, según CIRAD/FruiTrop. Mientras se replegaba de Estados Unidos, su participación en el mercado europeo de aguacate Hass subió de 71% a 84% entre semanas comparables de las dos últimas temporadas. No es que a Colombia, Kenia o Sudáfrica les faltara demanda disponible en Europa: es que Perú, con el mismo volumen que retiró de un mercado, terminó inundando el otro, dejando cada vez menos espacio real para que el resto de los orígenes complementara la oferta. El patrón se repite porque la estructura que lo produce no ha cambiado: exportar más, más rápido, antes que el vecino, sin ninguna instancia que coordine cuanto, cuando y hacia dónde.

Aquí es donde la industria confunde dos cosas distintas. Una cosa es un clúster geográfico, donde estar cerca no genera automáticamente coordinación —México lo está demostrando huerto a huerto, exportador a exportador—. Otra muy distinta es lo que yo llamo una Avocado Value Network: una red de valor donde productores, exportadores e importadores comparten información de volúmenes, ventanas de cosecha y destinos antes de embarcar, no después de que el precio ya se desplomó en el mercado equivocado.

Esto no es una propuesta de cartel ni de restricción artificial de oferta —esa línea hay que cuidarla con rigor—. Es exactamente lo contrario: más transparencia, no menos competencia. Un exportador que sabe qué volumen está retirando su competencia de un mercado puede decidir, con información real, si ocupa ese espacio o refuerza otro. Un origen que ve hacia dónde se está moviendo el resto de la industria puede planificar su propia ventana, en lugar de reaccionar a ciegas. Es exactamente el tipo de información que, compartida a tiempo, permitiría diversificar destino y volumen antes de que el mercado lo castigue.

La industria del aguacate no tiene un problema de volumen. Tiene un problema de información compartida y de voluntad para actuar sobre ella. Coordinar no es limitar el crecimiento: es la única forma de que ese crecimiento se traduzca en un negocio rentable para quien produce, no solo en presión que rebota de un mercado a otro.

Pedro Hevia
CEO & Founder Puro Connection
pedro.hevia@puro.farm
Chile

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