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Daniel Jiménez

De un conflicto lejano a decisiones del día a día en el Hass

Colombia

El conflicto en Medio Oriente, aunque parece ser una noticia lejana, se convierte cada vez más en un factor que incide directamente en la rentabilidad del sector aguacatero. Lo que ocurre en esa región termina trasladándose a los costos de producción y a las condiciones financieras bajo las cuales operan los productores.

El canal más evidente es el energético. El aumento en el precio del petróleo ha generado presiones sobre el transporte y la logística internacional, encareciendo el movimiento de fruta desde las zonas productoras hasta los puertos y destinos finales. Sin embargo, a nivel local existe un elemento que ayuda a suavizar este impacto. El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles en Colombia actúa como un amortiguador que reduce la transmisión inmediata de los choques internacionales hacia los precios internos, lo que introduce cierta estabilidad en la operación.

En el frente de insumos, el impacto también es relevante. La producción de fertilizantes como la urea depende principalmente del gas natural, que es un insumo clave en su proceso productivo. En un contexto de tensiones geopolíticas, el encarecimiento del precio del petróleo se traslada en cierta medida al del gas, y en consecuencia a los fertilizantes, elevando los costos de mantenimiento del cultivo y reforzando la necesidad de una gestión más eficiente en su uso.

A pesar de este panorama, no todo es adverso. La tasa de cambio ha jugado un papel de mitigación en el corto plazo. Un peso apreciado ha permitido contener parte del incremento en el valor de los insumos importados, lo que resulta especialmente relevante para un sector con una estructura de costos parcialmente dolarizada. Este efecto ha contribuido a que el choque de costos no sea tan abrupto como podría esperarse en un escenario de depreciación.

No obstante, desde una perspectiva estructural, para un sector exportador como el aguacate Hass, una tasa de cambio más alta tiende a ser más favorable, ya que fortalece los ingresos en pesos y mejora la capacidad de absorber incrementos en costos, no sólo los dolarizados. 

Más allá de la tasa de cambio, que se proyecta cierre el año con un promedio de 3751 COP/USD, el foco del momento está en las tasas de interés. El entorno inflacionario asociado al encarecimiento de la energía ha llevado a que los bancos centrales mantengan posturas cautelosas, con tasas que permanecen elevadas por más tiempo. Esto tiene implicaciones directas sobre el costo del financiamiento, el acceso al crédito y la inversión en el sector.

Así, el productor enfrenta hoy un entorno en el que los choques externos no solo afectan los costos, sino también las condiciones financieras. La combinación de tasas altas y volatilidad internacional exige una gestión más cuidadosa del flujo de caja, de la deuda y de las decisiones de inversión.

En conjunto, el mensaje es claro. Aunque el origen del choque es externo, la capacidad de respuesta es interna. La eficiencia en el uso de insumos, la planificación financiera y la lectura del entorno macroeconómico se convierten en herramientas clave para sostener la competitividad. En un negocio global, entender estas conexiones ya no es opcional. Es parte fundamental de producir y exportar.

Daniel Jiménez Cardona
Dirección de Investigaciones Sectoriales Agroindustria
Bancolombia
dajimen@bancolombia.com.co

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